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Prioricemos la salud

PRIORICEMOS LA SALUD

Imagina que acabas de comprar el auto de tus sueños, aquel por el que tanto te esforzaste y que finamente has podido adquirir. Imagina también, como es habitual, que las especificaciones del auto indican, entre otras cosas, que debes usar gasolina de 95 octanos. Sales feliz con tu auto y a los días vas a un grifo y decides ponerle gasolina de 84 no más,total es más barato, qué va a pasar, si es gasolina igual!

 

A las semanas, notas que el auto no está igual, que comienza a cascabelear y que no tiene la potencia que tenía al comienzo. Decides llevarlo al taller y el mecánico te dice que sería ideal que le echaras gasolina de 95 octanos, pero sino, también puedes usar un producto. Te entrega un frasco con un líquido para echarle al auto junto con la gasolina.
El auto recupera su performance, pero a los meses, te das cuenta de que hay problemas en el motor porque parece que la gasolina de 84 octanos corroe las paredes y está goteando aceite. Vuelves donde el mecánico, y te dice otra vez que sería ideal que uses gasolina de 95 porque el problema quizás se solucionaría en algunas semanas, pero que también puedes dejarlo para pasarlo por un proceso de micro filtrado de impurezas y auto sellado avanzado.
Esto que estoy contando, no suele pasar. Porque a nadie se le ocurre usar gasolina de 84 en un auto 95 (por lo menos no de manera constante). Además, porque lo más probable es que muchos te digan noooo, cómo vas a hacer eso? Lo malogras!
Sin embargo, esta analogía se aplica perfectamente a lo que muchas personas hacen con su propio cuerpo. Comen comida muy poco nutritiva para luego tomar medicinas que buscan aplacar los síntomas derivados de esa pobre alimentación. Las medicinas logran reducir los síntomas, sin atacar necesariamente el origen del problema, y muchas veces generan más inconvenientes que, sumados a la continua mala alimentación, terminan por causar enfermedades serias y van socavando la calidad de vida de las personas.

Un extenso estudio en 195 países y analizando información durante 27 años ha concluido
recientemente que al menos 1 de cada 5 muertes en el mundo está asociada a una dieta pobre en nutrientes. Muchísimos otros estudios revelan la relación directa entre una mala nutrición y diferentes enfermedades, sobre todo crónicas, como diabetes, asma, hipertensión, enfermedades coronarias, etc. Incluso cuando las personas logran sobrevivir a todas estas enfermedades, su calidad de vida y la de sus familias se ven enormemente afectadas.

Es muy duro decirlo, pero algunas personas no viven hasta los 90 años, duran hasta los 90.

Siendo así, me pregunto si las personas cuestionan si su alimentación afecta su salud y en qué medida. Qué tan conscientes son del impacto de no proveer las herramientas a su cuerpo para funcionar correctamente? Incluso cuando ese impacto es ya evidente, toman acción en la dirección correcta? Qué les impide actuar? Continúan usando gasolina de 84 a pesar de no tener energía suficiente, o enfermarse continuamente, o tener problemas en la piel, o hipertensión o migrañas, o incluso diabetes, enfermedades coronarias y un largo etcétera. Los alimentos son los insumos del cuerpo para operar, crecer, regenerarse, curarse y funcionar en
general. Si los alimentos que ingerimos no contienen los nutrientes que necesitamos, el cuerpo no funciona bien y se manifiesta en múltiples dimensiones.

 

 

Muchas personas tienen alguna idea de cómo deberían alimentarse y otras más. Sin embargo, resulta un cambio tan grande en sus hábitos de alimentación que rápidamente

fallan en su afán de avanzar en el sentido que quisieran. Nos solemos poner trabas y saboteamos nuestra propia transformación. Buscamos pretextos como “esta no cuenta”, “como ya comí bien ayer, ahora puedo comer lo que quiera”, “en realidad no tengo tiempo ya de preparar algo sano, comeré esto no más”, “solamente me comeré una galleta esta vez, no hará ninguna diferencia” y otras excusas más.

Lo cierto es que cambiar los hábitos alimenticios es un trabajo difícil o a veces imposible para la mayoría de las personas (al menos es así como lo perciben). Requiere cierta disciplina, sobre todo al inicio, pero mayormente requiere identificar cuáles son las motivaciones y apoyarse de las propias fortalezas para seguir adelante. Esto último es crucial en el camino de
cambiar un hábito. Muchas veces no las conocemos y eso
dificulta nuestra capacidad de cambio. El VIA Instituto del Carácter (https://viacharacter.org) define 24 fortalezas humanas universales que trascienden a culturas, razas, credos y costumbres. Todos poseemos estas 24 fortalezas y hay algunas que son más evidentes en nosotros sobre las cuales debemos apoyarnos para generar cambios sostenibles en
el tiempo.

Nuestra salud depende principalmente de nosotros mismos.

Entender que hay una relación fuerte entre el estilo de vida que llevamos y nuestra propia salud es fundamental.
Priorizamos la gestión de la enfermedad y postergamos el cuidado de la salud. Esto es un cambio de foco en la manera cómo enfrentamos la vida y qué esperamos de ella. Nuestra salud depende principalmente de nosotros mismos.

Rafael Adaui. Health Coach

Referencias
• The Lancet, Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990–2017: a syst